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Mucha gente piensa que al teleférico solo se puede ir si se tienen críos o si se viene de fuera. Es una agradable paseo para cualquiera y en cualquier época del año las vistas son impresionantes.
Si llevas la cámara de fotos espera tener suerte y que ese día los cristales de la cabina esten limpios, no te pase como a mi.
¿Nos subimos?.
El paseo comienza en el Rosales donde el teleférico parte hacia la Casa de Campo. Se puede comprar el billete de ida o de ida y vuelta.
Lo primero que te encuentras es la estación de Príncipe Pío y sus antiguas vías, al fondo el majestuoso Palacio real y La Catedral de Madrid, La Almudena.
Pasamos el parque del Oeste para cruzar las vías del tren y pasar por encima del Parque de la bombilla.
Lo siguiente que se ve son las ermitas gemelas de San Antonio de la Florida .La original y su réplica se ven como dos pequeñitas maquetas.
Ahí está. El Río Manzanares y el Puente de la Victoria contemplado desde uno de sus entornos más naturales y bonitos.
Atravesamos la M-30 y los viveros de la Casa de Campo.
Tomamos más altura y es ahora cuando de verdad se empieza a disfrutar de la vista del Skyline madrileño casi al completo. Todos los grandes edificios de Madrid de un solo golpe de vista.
Minutos después nos olvidamos de la ciudad y vemos solo naturaleza. Estamos en el pulmón de Madrid.
Imágenes muy agradables para la retina, como estos dos ciclistas pedaleando libres. Siento envidia de verdad al verlos disfrutando de algo tan barato y sano como es la naturaleza.
Otras imágenes nos hacen recordar que la Casa de Campo alberga uno de los mayores problemas de Madrid. La prostitución.
Al tomar de nuevo altura, ahora se combina la naturaleza con las vistas de la ciudad. Impresionante.
Y todavía es más impresionante poder ver estos rebaños de ovejas al mismo tiempo que se divisan las Cuatro Torres.
Detrás de este inmenso pasto de árboles, al fondo, se ve Pozuelo, Telemadrid y su torre.
Ya está, llegamos a la casa de Campo y ell teleférico pierde altura lentamente.
Me bajo para ver el parque de atracciones. Desde aquí casi se pueden oír los gritos y chillidos de los niños.
Y otra vez más alucino con las vistas de Madrid desde este punto.
Es hora de irse. Uno de los teleféricos ya se va, pero creo que yo me quedo aquí, me gustaría disfrutar de esto un rato más.

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