A las nueve de la mañana de ayer el aula 9 de la Universidad Pública de Navarra se llenó con 84 personas dispuestas a lograr el permiso necesario para conducir un taxi en Pamplona. Para muchos era una opción más con el fin de esquivar la crisis, tener otro carné en el bolsillo, por si el horizonte pinta aún peor.

Rafa Zaragüeta Armendáriz tiene 47 años y trabaja en una empresa privada que recientemente ha pasado por "momentos muy malos". Se enteró por uno de sus hermanos de la convocatoria del examen de taxi y decidió presentarse para abrirse una puerta, por si acaso. "Soy padre de familia y tengo una hipoteca, así que hay que estar atento a todo", explicaba ayer, nada más concluir el ejercicio, en el aulario de la UPNA. Le acompañaba su hermano Roberto, que también realizó el examen. Les pareció asequible, siempre que se hubiera repasado el temario. Compartía opinión Jesús Mari Pastor Garayoa, de 38 años, otro de los aspirantes a quien, además, la existencia de la prueba le parece bien porque se valoran conocimientos esenciales y también aspectos psicológicos. "Si no, cualquiera podría conducir un taxi", decía Pastor, que es chófer de villavesa y quiso examinarse para disponer de otras opciones "y no descuidarse ante la crisis". También Eduardo A.R. era conductor de La Montañesa, en este caso en pasado porque no le renovaron el contrato y está en paro. Antes manejó un camión, de manera que conoce bien el sector del transporte y le gustaría seguir en él. Tiene 37 años y ve muy complicado comprar una licencia, sin embargo, le gustaría trabajar como asalariado, aunque fuera supliendo alguna baja, explicaba. "Si apruebo, siempre tendré más opciones, incluso en la oficina del paro", indicaba. Paradójicamente, donde peor se desenvolvió ayer fue en las preguntas geográficas.
También por tener el carné en el bolsillo se presentó Daniel Izco, de 37 años. No prevé comprar la licencia porque le parece muy caro. "Trabajo en otras cosas, pero, por si acaso, no vendrá mal. Lo que tengo claro es que no puedo invertir tantos millones", apuntaba. A su lado, otro caso distinto, el de Aritz Azcárate, hijo de taxista. Su padre se acerca a la edad de jubilación y le gustaría comprarle la licencia y relevarle. No ve lógico, sin embargo, que en otras ciudades el examen no sea preceptivo y en Pamplona sí. "Estaba muy nervioso, pero a ver si puedo aprobar, si no, no podré sustituir a mi padre", resumió el joven.
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