COMPETENCIA. La referencia a Ferrocarrils de la Generalitat como ejemplo del futuro servicio de Cercanías ha generado controversia entre propiedad, gestión y la eficacia en el servicio ferroviario.
- Centre de Comandament Integrat de Ferrocarrils de la Generalitat, en Rubí, ayer. Foto: DANNY CAMINAL
JOSEP-MARIA URETA
El conseller Nadal dijo lo que iba a exigir en el plazo de un año a Renfe como gestora de Cercanías: lavabos más limpios y mejor información. Añadió, aunque tuvo menos difusión, que podía exigir más frecuencia de paso. Por su parte, los detractores del traspaso –por la dependencia de lo que se decida en Madrid– pusieron como ejemplo lo bien que va Ferrocarrils de la Generalitat. Empezando por lo último: es cierto. Una visita al centro de Ferrocarrils en Rubí --elegido por Montilla para el mensaje de fin de año-- lo confirma. La línea del Vallès ya es capaz de proporcionar un tren cada 112 segundos. Y la del Llobregat, pese a manejar aún convoyes distintos, es la única en su género que garantiza la accesibilidad universal. Lo cuentan los responsables de circulación y mantenimiento de la compañía Oriol Junquera y Marc Serra en una sala con cristal polarizado donde ven, sin ser vistos, a los responsables de vigilar en tiempo real dónde están en cada momento los trenes, qué sucede en las estaciones e incluso en el interior de los vagones. En otra nave se hace el mantenimiento de vagones con una eficiencia poco común: solo 3 de los 44 trenes operativos pasan por talleres simultáneamente si han recorrido 1,2 millones de kilómetros.
¿Será así Cercanías ahora que ja es nostra? No será por razones de propiedad sino por cumplimiento de los protocolos firmados hace unas semanas. El presidente de Ferrocarrils, Joan Torres, pone su ejemplo: «Antes la gente iba a buscar el tren, ahora va a cogerlo», es decir, lo importante es la frecuencia de paso, sustituir «he perdido el tren» por «espero al siguiente».
Esa política tiene poco que ver con la propiedad de las vías, estaciones y catenarias, que siguen siendo estatales (Adif), como Aena siempre será responsable de la navegación aérea. Pero Adif, cuentan los expertos, ha cedido al Govern el control de los surcos, lo que en navegación aérea son los slots, la decisión de quién va desde una estación a otra y con qué frecuencia (y a qué precio y quién paga la subvención, según otros acuerdos). Mejor aún –y Torres se niega a comentarlo– es que la comisión paritaria entre la Generalitat y el Ministerio de Fomento, mientras no haya una autoridad regulatoria independiente del sector (la CNMV al uso), la integran tres representantes del Govern y tres del Estado presididos por el responsable de Mobilitat del Govern. Lo relevante («no ocurría desde Alfonso XIII», cuenta un entendido), es que ahí estará, sin presidir el organismo, el presidente de Renfe, Teófilo Serrano.

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