lunes, 9 de noviembre de 2009

CRÓNICA DESDE BRUSELAS. Los mendigos en el metro, bajo presión


Wendy, en la Gare Central.
Wendy, en la Gare Central.

Pocas semanas después de albergar un insólito y controvertido concurso de Miss Sin Techo, Bruselas ha emprendido una campaña también rodeada por la polémica contra los mendigos del metro, precisamente cuando los efectos de la crisis económica se están dejando sentir con toda su crudeza.
Cada media hora, con precisión cronométrica, se oye por los altavoces de las estaciones de la red metropolitana el siguiente anuncio: «Les recordamos que la mendicidad está prohibida en el recinto del metro. No la estimule. Gracias». El mensaje se emite sucesivamente en francés, neerlandés e inglés, para que llegue a todos los usuarios del transporte público.
La Sociedad de Transportes Intermunicipales de Bruselas (STIB) ha anunciado que en los próximos días los agentes de la compañía tomarán el relevo en una segunda fase de la campaña y se dirigirán directamente a las personas que estén mendigando en el metro para invitarlas a abandonar el recinto de la red de transporte.
La iniciativa es respaldada por una parte de los usuarios del metro, a quienes molesta la presencia de indigentes, mientras que otros creen que es una muestra más del nivel de insolidaridad de nuestras sociedades urbanas europeas.
Como es lógico, los propios afectados consideran que la campaña es injusta y responsabilizan a la creciente población gitana que mendiga en el metro, generalmente con niños de corta edad, de ser el desencadenante de la drástica medida de la compañía.
Wendy, una mujer de 65 años que forma parte del paisaje cotidiano de la estación de Gare Central, confía en no ser molestada por los agentes de la SITB, porque ella está instalada desde hace ya 30 años en el principio del largo pasillo que comunica la estación de metro con la estación ferroviaria central de la capital belga. Wendy, como otros indigentes, considera que no hace ningún daño ni molesta a nadie, porque se limita a permanecer sentada en su rincón, con su vaso para las monedas, sin presionar a los transeúntes.
A nivel político, los representantes del Partido Socialista francófono se han declarado perplejos, mientras que los democristianos flamencos han respaldado la medida. La ministra regional de Movilidad, Brigitte Grouwels, acalló a los críticos al recordarles que existe una ordenanza votada en el 2007 por el Parlamento de la región de Bruselas que prohíbe la mendicidad en el metro bajo la amenaza de una multa de 84 euros.
La STIB reconoce haber copiado la campaña de la red parisina de metro y, ante la polémica creada, asegura que hay muchos mendigos que molestan y presionan a los usuarios para que les den algo de dinero. La compañía asegura también que no pretende desincentivar la caridad hacia las personas en situación de gran precariedad.
Pero lo cierto es que la medida está dificultando a muchas personas sin recursos la obtención de un puñado de euros diarios, que constituye la diferencia entre poder comer algo o pasar hambre en la capital de Europa.

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