lunes, 9 de noviembre de 2009

CARTAS DE LOS LECTORES


'Pesadilla en la estación de Renfe de Sants'

Laia Rodríguez San Juan.
Sant Joan Despí
REPRODUCIMOS LA CARTA ÍNTEGRA QUE ENVIÓ LAIA RODRÍGUEZ A ESTA REDACCIÓN

El pasado miércoles 28 de octubre cogí un tren de cercanías Renfe para ir a mi lugar de trabajo. Éste llegó, como es frecuente, con retraso a Estació de Sants. Dado que llegaría tarde (eran ya las 13:40 h), me dirigí a Atención al Cliente para solicitar un justificante de demora. Allí me comunican que debo dirigirme a otro punto de la estación en el que se me entregará el justificante, ¡junto con un billete nuevo! Creo descubrir una razón para recuperar la confianza en esta empresa que nos ha hecho pasar tan “buenos momentos”. Una brizna de esperanza... Cuán lejos estaba de la triste realidad. Tras marearme haciéndome ir de un lugar a otro de la estación, vuelvo a Atención al Cliente, donde me dicen que no van a facilitarme el justificante: “Cercanías no acepta la impuntualidad del tren”. Y punto.

Sin poder creer lo que oigo, insisto en que satisfagan mi solicitud o, en su defecto, me faciliten el contacto de la persona responsable de dicha información. Se me niega el contacto y yo solicito una hoja de reclamaciones. El ambiente se caldea, me advierten que debo abandonar las instalaciones. Insisto en que no pienso salir de allí sin escribir mi reclamación, en el ejercicio de mis derechos. Cuál es mi sorpresa cuando el trabajador del mostrador llama a Seguridad para que procedan al desalojo de mi frágil persona. Como en las películas.

Asustada e indignada llamo a la policía para denunciar los hechos. Mientras, se presentan dos vigilantes de Segur Ibérica, que me agarran de los brazos y ante mi negativa de salir en esas condiciones, proceden a usar la fuerza bruta para llevarme hasta el exterior (peso 53 kilos y mido 166 cm). El resumen de lo sucedido queda expresado en un parte médico de lesiones. Ese día no llegué tarde al trabajo, simplemente no llegué, porque pasé la tarde en un ambulatorio de urgencias, donde me dieron la baja porque las lesiones en mi brazo izquierdo y el cabestrillo que me pusieron me impedían hacer mi trabajo.

Así que precaución al reclamar sus derechos ante esta empresa, ya que serán tratados como delincuentes y pueden resultar heridos, no sólo psicológica y moralmente, sino también físicamente. Por desgracia, esta es nuestra sociedad, constituida por individuos ante los cuales personas como yo, mujer de 25 años y trabajadora, sienten absoluto desamparo legal, burocrático y físico.

Aprovecho, ya que no pude en ese momento, para dar las gracias a las pocas personas que, aunque infructuosamente, intentaron ayudarme en esa pesadilla.

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