La frase 'mind the gap!' (cuidado con
el hueco entre el
tren y el andén) se escucha miles de
veces al día en las
270 estaciones del metropolitano
Señal del metro de Londres, en una imagen subida a Flickr cinderellas_blog en Flickr
La relación de los londinenses con su Tube es de amor-odio. El próximo 10 de enero se
cumplen 150 años desde la inauguración de la línea que unía Paddington y Farringdon,
la primera línea de metro del mundo.
Mind the gap! (cuidado con el hueco entre el tren y el andén). La frase se escucha
decenas de miles de veces al día en las 270 estaciones del metropolitano de Londres.
Para muchos de los millones de turistas que visitan la ciudad cada año, el Tube se ha
convertido en una atracción más y la frase, en folklore británico. Y lo cierto es que
anualmente se producen unos 80 accidentes de este tipo, y en la mayoría de los casos
el pasajero que mete el pie en el hueco resulta gravemente herido.
Hace mucho que el metro de Londres ya no está a la altura de los tiempos que corren.
Seguridad, rendimiento y confort son adjetivos que no concuerda con el renqueante
Tube y sus frecuentes retrasos. Los años no pasan en balde, las entradas y salidas
resultan demasiado estrechas, los andenes demasiado angostos.
Sólo unas pocas estaciones están equipadas con puertas de seguridad para impedir la
caída a las vías. Hasta 2006, aún había escaleras mecánicas de madera. El gobierno
invertirá hasta 2036 la gigantesca suma de 16.000 millones de libras para renovar el
Tube, que recibe su nombre de la forma tubular de sus vagones y accesos. Hasta la
fecha se han gastado ya más de 6.000 millones.
Eso no significa que no pueda ofrecer sorpresas. Como durante los Juegos Olímpicos
del pasado verano (boreal), cuando a sus 149 años fue capaz de mostrar de lo que era
capaz. "Durante los Juegos Olímpicos y los Paralímpicos se produjo la tasa más baja
de accidentes e incidencias", anunció orgullosa la red de transporte Transport for
London.
Y eso que durante esas semanas, las once líneas del metropolitano funcionaron a pleno
rendimiento: en los días más importantes se registraron más de cuatro millones de
viajes, cuando un día laborable normal son unos 3,3 millones. Anualmente, el Tube
transporta por la sinuosa red subterránea londinense, aunque cerca de la mitad de los
402 kilómetros de líneas se sitúan en la superficie.
Sin embargo, hace 150 años no cabía imaginar tales hazañas olímpicas. ¿Trenes
subterráneos? Poco antes de su inauguración, el diario The Times condenó la idea
calificándola de "insulto al buen sentido común". El ambiente oscilaba entre el
escepticismo y el entusiasmo tecnológico. Pero pronto triunfó la factibilidad sobre las
cuestiones ideológicas: ya en su primer año de vida, 11,8 millones de pasajeros
utilizaban la Metropolitan Line, la línea pionera del metro de Londres. En aquel
entonces, la ciudad tenía unos 3,2 millones de habitantes.
Aunque en sus vagones había cabida para todas las clases sociales, el metro era muy
popular sobre todo entre los obreros. A ellos les permitía abandonar las estrechas y
apretadas viviendas del superpoblado centro de Londres y mudarse a las afueras, a
casas más grandes con jardín. El flujo de personas que viajaban a trabajar a la capital
creció, y los pueblecitos de antaño quedaron absorbidos por la ciudad.
Este patrón se prolongó durante décadas: cuando en 1926 se amplió la línea norte
hasta el pueblo de Morden, allí vivían 1.000 personas. Cinco años después, eran ya
12.600 habitantes. Sin el Tube, Londres sería hoy una ciudad bien distinta.
Con todo, en las primeras décadas, el mejor o peor orden de las líneas de metro que
hoy puede verse en el Tube Map quedaba muy lejos. Tras la Metropolitan Line, varios
operadores privados fueron abriendo varias líneas, generando un considerable caos
que, entre otros, provocó que hoy día haya 40 estaciones sin utilizar. Tuvo que pasar
tiempo para que se construyeran conexiones, y hasta 1908 la red no comenzó a
promocionarse en su conjunto como el London Underground.
Por otro lado, las líneas pioneras aún no eran tan profundas. Se construía excavando
una fosa y luego volviendo a construir encima. Cientos de personas tuvieron que dejar
sus viviendas, y no fue hasta finales del siglo XIX cuando se empezó a hacer túneles
bajo tierra, abriendo numerosas posibilidades para la ampliación de la red.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la profundidad de los túneles salvó la vida a
decenas de miles de personas. La población de Londres utilizó la red de metro como
búnker y se escondió allí durante los bombardeos nazis. Además, los accesos a las
estaciones se convirtieron también en escondites para obras de arte. Y el Ejército
construyó allí centros de control entre otros para la defensa aérea.
No obstante, aquella profundidad también acarreaba peligros. En 1987, un incendio en
la estación de King's Cross causó la muerte a 31 personas. Como consecuencia de la
tragedia se endurecieron las medidas antiincendios y se introdujeron numerosas
normas de seguridad. Entre otros, se prohibió fumar en las estaciones. El 7 de julio de
2005, Londres vivió el peor atentado terrorista de su historia: en tres vagones de
metro y un autobús explotaron varias bombas que se llevaron las vidas de 52
personas.
Hoy en día, la red de metro de Londres es, después de la de Shanghai, la segunda más
larga del mundo. Y crece rápido. Actualmente se está construyendo una nueva
conexión este-oeste que se llamará Crossrail. Se espera que sea más nueva, más
grande, más confortable y mejor. La inauguración está prevista para 2018.

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