La capital británica recupera en año olímpico los legendarios «Routemaster» de dos pisos, cuya plataforma trasera permite al viajero saltar en marcha.
EFE
En la imagen, el interior del nuevo autobús de dos pisos con la escalera para subir a la planta superior
Decenas de personas, la mayoría de ellas jubilados, se arremolinaban ayer en la parada de autobuses junto a la estación Victoria para participar en el estreno —con flashes pero sin alfombra roja— del último gran éxito londinense: los recuperados autobuses de dos pisos «Routemaster», con su característica plataforma de acceso trasera que permite a los viajeros saltar entre la acera y el vehículo. La nueva versión, más aerodinámica y ecológica que los primeros modelos que circularon por la capital británica a finales de los 50, es fruto de un compromiso electoral del correoso alcalde Boris Jonson, que aspira a la reelección en mayo, con la esperanza de capitalizar la gloria de las bodas de diamante de Isabel II en el trono, en junio, y los Juegos Olímpicos a partir del 27 de julio.
«Tenía 14 años cuando llegaron los primeros modelos en 1958, recuerdo que era la línea RM1 entre Golders Green y Cristal Palace al sur», nos explica con nostalgia Edward Dawes, un funcionario jubilado del Ministerio de Transporte, mientras espera el viaje inaugural. «Los tranvías a los que sustituían ya tenían dos pisos, pero los Routemaster eran de aluminio, mucho más ligeros», recuerda. La reducción considerable de su peso ya permitió en la época reducir su consumo de combustible, una característica «verde» muy presente en el modelo introducido ayer en las calles, que ha sido fabricado durante dos años por la empresa norirlandesa Wrightbus.
Funcionan con un motor híbrido que recurre al diésel cuando necesita recargar la batería eléctrica, e incluye algunos componentes ligeros similares a los empleados en los coches de Fórmula 1. Las autoridades municipales destacan su eficiencia energética y su bajo nivel de emisiones de CO2. «No es solo una cara bonita», ha dicho el alcalde, que ha recibido fuertes críticas desde las filas laboristas y liberales por el elevado coste del proyecto. Según la oposición, cada unidad ha costado 1,6 millones (incluidos los costes de desarrollo, además de la fabricación). Un portavoz del regidor destaca los puestos de trabajo generados por un diseño «Made in the UK», y se muestra confiado en que el coste unitario disminuirá cuando se incrementen los pedidos.
El orgullo industrial estaba, en todo caso, muy presente en las decenas de viajeros que abarrotaban ayer las dos plantas del autobús que tomó ABC. «Los demás autobuses son muy cómodos, pero está bien que recuperen este modelo», opina un veterano del transporte público londinense. «Me parecen más oscuros, sin embargo», apuntó su vecino de asiento en las primeras valoraciones espontáneas. En efecto, los techos más bajos y las luces más blancas reducen la luminosidad del interior, pero la trasera del vehículo incluye una novedosa pantalla de cristal que permite ver el tráfico. La medida intenta reducir el riesgo de accidentes en las subidas y bajadas. «Se nota sobre todo en lo silencioso que es el motor», nos cuenta Tarik, un empleado de 22 años de la empresa de transportes —hijo de conductor— que ejerce de revisor en este cotizado viaje entre el centro de Londres y el noreste de la ciudad. La recuperación del «Routemaster» permite incluir un segundo empleado en cada viaje. «Nos turnamos, una semana conduces, otra haces de revisor», aclara Tarik.

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