Por Rafael Sarmiento Coley
Ana Tulia Herrera de Chavarro asegura que en sus más de 30 años de taxista en
Barranquilla nunca ha sentido un acto de machismo por parte de sus colegas,
pero les critica que rueden por esas calles de Dios como alma que lleva el diablo.
Ella inauguró en Colombia la era de la mujer al volante de un carro de servicio
público. Estrenó lo que años después se ha puesto en marcha en Medellín,
y recientemente en Bogotá bajo la denominación del Taxi Rosa.
“No sé por qué agonizan tanto, si lo mismo se pueden ganar sin tanta angustia”,
dice Ana Tulia sobre los taxistas de hoy. Aprovecha la conmemoración del Día
Internacional de la Mujer para meter su “cuña cívica”. Hace un llamado a sus
colegas para que en épocas como Navidad, Año Nuevo y Carnaval, cuando
a la ciudad llegan muchos visitantes, cobren lo justo y devuelvan cuánto objeto
se quede olvidado en su vehículo.
Pocas mujeres. Ana Tulia es una de las seis mujeres que en Barranquilla
–una ciudad que tiene 25 mil taxistas hombres- se han arriesgado a ponerse al
volante de un taxi. Es la pionera. Y confiesa que no ha sufrido las consecuencias
del tristemente célebre machismo costeño.
Otra dama taxista reconocida es Luz Amparo Rodríguez Gómez, nacida en
Medellín, pero residente en Barranquilla desde hace 25 años, donde tuvo sus
tres hijos y una nieta (es madre soltera, y estudió contabilidad). Manejó taxi
durante tres años en las calles barranquilleras. Hoy es una de las más visibles
dirigentes del Sindicato de Taxistas de Barranquilla, una organización que
desde su constitución hace dos años, ha asumido importantes retos y acciones
reivindicativas para sus 1.800 taxistas afiliados.
Tesorera nacional. Acaba de regresar de Bogotá, en donde participó como
figura protagónica en las negociaciones que terminaron con los arreglos para
conjurar el paro del transporte en la capital del país.
Luz Amparo es, además, la tesorera del Sindicato Nacional de Trabajadores
del Transporte. Por eso conoce a fondo las condiciones labores en que se
desempeña el taxista. Y está de acuerdo con la idea impulsada en algunas
ciudades del país del llamado Taxi Rosa, un servicio prestado por mujeres
para mujeres, con el fin de que las damas usuarias se sientan más cómodas
y seguras.
Al igual que Ana Tulia y Luz Amparo, están Elisa Mercedes Ferrer Montagut,
Ana Helena Guzmán de Avila, María Rodríguez y Bertha Carmiña Sánchez.
Casi todas destacan que el barranquillero es un hombre tolerante y muy
respetuoso del llamado ‘sexo débil’.
No piensa igual otra veterana ex conductora de bus urbano y de taxi, que
narró sus amargas experiencias a cambio de no revelar su nombre.
Comenzó con un bus familiar que cubría una ruta del sur. En dos ocasiones
la atracaron a plena luz del día. Tres veces estrelló el vehículo porque otros
colegas le cerraron la vía de maldad. Hasta cuando se cansó y colgó la
cabrilla “para ser una dulce abuela”.
Julio Pino Beltrán, presidente de una de las cooperativas de taxis de
Barranquilla, asegura que “la ciudad no está preparada para que la mujer
maneje un vehículo de servicio público. Considero que las poquitas que
lo hacen son unas verdaderas heroínas a las que hay que rendirles todos
los honores. Aquí son pocos los conductores capacitados, conocedores
y respetuosos de las reglas de tránsito, educados para respetar a las
demás personas, especialmente a las damas. Eso se ve en Londres”.
Otros choferes se apartan de esa tesis. Coinciden en que si bien es cierto
que falta mucha madurez y respeto por la mujer, ya hay más conciencia, y
aseguran que con frecuencia se encuentran en la vía a uno o más
conductores quitándole la llanta a una mujer taxista que se espichó,
o empujándole el carro porque no prende.
“Eso es un ejemplo de que estamos superando el machismo”, dice uno de ellos. |
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