Los nuevos buses prestan servicio desde ayer para evitar la saturación de viajeros.
B. MARTÍN
Estar en la parada del autobús, esperarlo un rato largo y, cuando finalmente llega el vehículo, tener que dejarlo marchar porque va lleno de personas es algo que no alegra la mañana a los usuarios del transporte público, especialmente si esto sucede en horas punta. La saturación de la línea 35 fue el motivo por el que las asociaciones de vecinos de los barrios de Picarral y Arrabal solicitaron al Ayuntamiento de Zaragoza la incorporación de vehículos articulados. El presidente de la Asociación de Vecinos Picarral, Juan José Jordá, explicó que el problema de la sobrecarga de usuarios hacía que "muchos de ellos se tuviesen que quedar en tierra y esperar al siguiente, principalmente en horas puntas".
Pero desde ayer, una docena de autobuses urbanos articulados forman parte de la flota destinada a esta línea, cuyo servicio cubre el trayecto desde Parque Goya hasta la plaza del emperador Carlos V. Los vecinos de los barrios recibieron con ganas estas incorporaciones y los presidentes de sus asociaciones vecinales no duraron en subirse a uno de ellos para hacer una primera valoración del servicio.
Jordá afirmó que las expectativas depositadas en los nuevos 35 para evitar dejar a los usuarios en las diferentes paradas se cumplieron porque "al tener más capacidad, el número de gente que puede subir en ellos también es mayor". En ese punto, la valoración fue positiva.
El problema llegó con las frecuencias. "Aún es necesario seguir trabajando para lograr cumplir los tiempos estimados". Jordá explicó que en algunos puntos determinados de este primer trayecto "oficial", hubo que esperar hasta 16 minutos para que llegase otro bus. A pesar de este inconveniente con las frecuencias, Jordá indicó que los autobuses articulados han supuesto un "buen avance", pero que habrá que comprobar si ha habido retrasos por ser el primer día y, si no es así "habrá que ajustarlos".
Aumento de vecinos
Los problemas de saturación de la línea 35 llegaron cuando se alargó la línea hasta Parque Goya y al incremento del número de vecinos en Arrabal y Picarral. Ante esta situación se decidió recortar el recorrido de la línea por su extensión (desde Parque Goya hasta Miralbueno) y se aumentó la flota de vehículos en servicio, pero especialmente en horas punta, seguía habiendo paradas llenas de pasajeros sin poder subir. El aumento de usuarios al ampliar el recorrido a Goya II y los nuevos vecinos de la emergente Azucarera también contribuyeron a esta saturación.

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