jueves, 10 de diciembre de 2009

Ferrocarrils casi elimina el fraude al obligar a validar el billete al salir




• El porcentaje de infractores se sitúa este año en el 0,5%, frente al 3,3% del 2006
• El ‘cierre’ de las estaciones –la última, la de Plaça Espanya–, clave de la mejora

CRISTINA BUESA
BARCELONA
El gesto, tan incómodo para el resto de viajeros, de una persona que salta el torniquete de entrada a un transporte ferroviario está en vías de extinción en los Ferrocarrils de la Generalitat. La implantación de las denominadas «barreras tarifarias eficientes», es decir, las máquinas canceladoras que obligan a validar el billete al entrar y salir, ha hecho descender el índice de fraude, que ya es casi testimonial.
El último paso se dio hace un par de semanas en la estación de Barcelona–Plaça Espanya, la tercera más transitada de toda la red de Ferrocarrils. Cabecera de la línea Llobregat–Anoia, esta parada tiene un volumen de cinco millones de pasajeros al año y desde allí salen (o llegan) una cuarta parte del total de clientes de este trazado. Los responsables colocaron este tipo de puertas, con una pantalla de vidrio alta que impide el salto del infractor, para asegurarse de que, por lo menos, quienes pasaran por este punto tendrían que llevar un título de transporte.
El director general de la Unitat de Tren de Ferrocarrils, Ramon Borrell,
es consciente de que «el fraude cero no puede existir». No obstante, el cierre de las estaciones sí ha logrado unos resultados esperanzadores en la lucha contra esta práctica. Si en 2006 la red registraba un 3,35% de fraude y al año siguiente un 3,05%, el 2008 consiguió bajar al 2,61%. Pero el gran cambio se ha dado este año ya que, hasta noviembre, Ferrocarrils estima que solo ha habido un 0,51% de viajeros que han optado por colarse.

DESCENSO DE VIAJEROS / En el trazado Barcelona–Vallès, todas las paradas tienen estas barreras (excepto un andén de La Floresta) y en la otra línea, solo este año, se han instalado en cuatro muy concurridas, además de las que ya las tenían. La empresa de la Generalitat aspira a que, a medio plazo, todas las estaciones que lo permitan sí cuenten con estas barreras, que en argot ferroviario se denominan «peajes».
Borrell admite también que la crisis ha hecho descender el volumen de pasajeros en sus ferrocarriles. Calcula que la demanda ha bajado un 1,5% pero, en cambio, la recaudación ha subido respecto al año anterior. La explicación a esta diferencia hay que buscarla de nuevo en el descenso del fraude. Al conseguir que el público pague religiosamente su trayecto –porque de lo contrario no puede entrar y salir de las paradas a las que va– han aumentado los ingresos.

SALTO DE ZONA / Otra de las ventajas de la instalación de estas voluminosas puertas es que las canceladoras chivan si el pasajero no ha abonado el importe que debía. Uno de los conflictos tarifarios a los que también se enfrentaba Ferrocarrils era que algunos usuarios pagaban el billete, por ejemplo, de una sola zona (una T-10 cuesta 7,70 euros) y en cambio se desplazaban por dos (donde 10 viajes valen 15,40 euros).
Las máquinas se percatan de este salto de zona y no permiten seguir el trayecto. La siguiente fase en la lucha contra el fraude en los ferrocarriles catalanes es lograr que no pase más de una persona con un solo billete. De hecho, ya han iniciado una prueba piloto con un sistema que dispara una alarma si lo detecta.

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