
Arcos del acueducto de ladrillo que conducía el agua hasta el Palacio Real; junto a ellos se sitúa la fuente de los Caños
POR SARA MEDIALDEA
MADRID. Línea 2 del Metro de Madrid. Estación de Ópera. Una simple puerta blanca separa el andén donde esperan los viajeros de uno de los extremos de la Fuente de los Caños del Peral, una obra monumental encargada por Felipe II que ahora, gracias a las obras de ampliación del Metro, sale a la luz desde 10 metros bajo el nivel del suelo. La fuente, espectacular como merecía su ubicación frente a Palacio, tiene más de 30 metros de frente, forma de U y unos siete caños.
Junto a ella, también pueden verse los restos, muy enteros, del acueducto de ladrillo que surtía de agua al Palacio. Restos todos ellos que serán visibles para los usuarios de Metro cuando la nueva estación se abra al público.
La fuente de los Caños del Peral, obra ideada por Juan Bautista de Toledo, es una de las 30 que tuvo Madrid. Funcionó entre los siglos XV y XVII, y se construyó en granito y con caños vidriados por dentro y de cerámica de alfares madrileños en el exterior. Fue tanta su fama que hasta dio nombre a un teatro próximo. El vicepresidente regional, Ignacio González, visitó ayer los trabajos de recuperación, que concluirán a comienzos del próximo año.
Lo buscaban
El hallazgo no ha sido una sorpresa: según explica la arqueóloga Pilar Mena, de la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad, ya en el verano de 1990 se construyó un pozo sacatierras en la plaza y sacó a la luz sillares almohadillados de la parte trasera de la fuente. Que, por cierto, acabaron en un contenedor de la zona, donde los vio un vecino y dio la voz de alarma, lo que provocó una primera intervención.
Aprovechando los trabajos de ampliación de la estación del Metro, ahora se ha alcanzado el nivel, a 10 metros bajo tierra, donde permanece la fuente casi intacta, tras colmatarse toda la plaza en tiempos de la ocupación francesa.
Los arqueólogos esperan encontrar aún más datos de estudio. Por ejemplo, en un atasco de la tubería es posible que se localicen, explica la arqueóloga Pilar Mena, restos cerámicos o de otro tipo que expliquen cuándo, cómo y porqué se taponó.
En cuanto al acueducto, del siglo XVII, conducía el viaje de agua de Amaniel, encauzado y controlado, y salvaba los muchos arroyos que transcurrían por las calles aledañas. La primitiva construcción de la línea 2 del Metro arrasó con parte de esta infraestructura, de la que ahora se ha recuperado otra parte.

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