Usuarios del servicio de cercanías de Renfe reclaman trenes que dispongan de WC
DV. Era el pasado mes de mayo cuando los usuarios más habituales del tranvía se percataban de que los trenes, recién incorporados al servicio de la línea Brinkola-Irun, carecían de WC. La extrañeza se convirtió automáticamente en pregunta, sobre todo, por parte de los que consideran que el evacuatorio representa una prestación indispensable e imprescindible; personas mayores a las que se sumaban a continuación progenitores con niños pequeños, franja de edad en la que exclamar ¡pis! requiere una respuesta inmediata porque el margen de maniobra entre la voz de alerta y el desastre suele ser mínimo.
Pues bien, la pregunta en ventanilla, como eslabón directo y de proximidad a la compañía encontraba un «se trata de una medida provisional», como respuesta.
«Provisional para siempre», en la creencia popular. Y la extrañeza que se convertía en preocupación acrecentada para convertirse en indignación, cuando comprobaban que los viejos tranvías, los de la serie 440, provistos de WC, iban siendo sustituidos paulatinamente por otros similares a los recién llegados; serie 446 que no disponen de urinario.
Los balos cerrados
En una comarca ferroviaria, como la nuestra, no resultaba difícil acercarse a la cuestión. Los primeros tranvías de la serie 440, inicialmente azules, comenzaron a entrar en servicio hacia 1975 y los últimos de esa serie se construyeron una década más tarde. Trenes que por aquel entonces daban servicio indistintamente a líneas de cercanías como a las de regionales.
El aumento de la demanda del servicio de cercanías en grandes ciudades como Madrid, Barcelona, etcétera, llevó a Renfe a adquirir un tranvía que respondiera a la necesidad de transportar un amplio y creciente número de viajeros con fluidez, que se desplazaban a cortas distancias a través de líneas provistas de muchas paradas.
Surgía así, a comienzos de los años 90, la serie 446, también fabricada en CAF, como su antecesora, tranvía que se ajustaba a las necesidades del servicio: pasaba a incorporar tres pares de puertas, de doble hoja, en cada coche, que facilitan una rápida entrada y salida de los viajeros. Ofrecía y ofrece más espacio para ir de pie que sentado, brinda magníficas prestaciones en cuando a aceleración y frenado respecta, etcétera. Eso sí, no tiene WC.
Pues bien, al día de hoy, 12 trenes prestan servicio en la línea Brinkola-Irun (81 kilómetros), 10 son de la serie 446, y dos de aquellos 440.
Situaciones de riesgo
Una línea destacan los usuarios en la que fundamentalmente el desplazamiento más habitual traslada a los viajeros desde su localidad hasta la capital donostiarra, trayecto que desde Ordizia como mínimo requiere 45 minutos (ni qué decir de los viajeros de Brinkola o Legazpi). Tres cuartos de hora que han dado lugar a situaciones, en caso de apuro, de lo más truculentas e incluso peligrosas.
No hay posibilidad, llegado el caso, añaden, de bajar en Tolosa, por ejemplo, para ir al baño y volver a coger el tren.
Y aunque los más veteranos entienden que tradicionalmente Renfe no ha mimado al menos a la hora de ofrecer el material más moderno, a la línea que nos ocupa (que registra 8 millones de usuarios al año en palabras de la propia compañía), en esta evolución y adaptación del tranvía a las necesidades del servicio, los usurarios, en especial, los más afectados, reclaman la entrada en servicio del Civia, lo último en unidades pensadas para el servicio de cercanías (las primeras entraron en servicio a lo largo del 2003) también made in CAF, que por supuesto, entre sus mejoras y nuevas prestaciones, incluyen el reclamado inodoro.
Una reclamación que plantean estos usuarios, no sólo porque, entienden, la razón les asiste sino porque se trata de una decisión y promesa, anunciada a comienzos de año, por Renfe, para después del verano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario