lunes, 12 de octubre de 2009

4 municipios del Maresme piden soterrar la vía del tren


FEDE CEDÓ
MATARÓ
La capital del Maresme, Mataró, es tras Sant Andreu de Llavaneres, Sant Vicenç de Montalt y Caldes d’Estrac la última ciudad del litoral que ha impulsado un resolución plenaria en la que apuesta por soterrar la línea de ferrocarril de la costa, así como su estación.
Con la única abstención del concejal de la Candidatura d’Unitat Popular, el consistorio mataronés aprobó pedir a las instituciones competentes «una clara actuación a favor del soterramiento», según reza la moción, entre la riera de Argentona, en la entrada sur, y la riera de Sant Simó, al norte. Lo justifican por la necesidad de «garantizar un correcto desarrollo urbanístico del frente marítimo».
Al mismo tiempo, el acuerdo detalla la necesidad de impulsar el Plan Director Urbanístico que concretará la reserva de terrenos para la futura Línea Orbital Ferroviaria (LOF) que unirá las capitales del Vallès Oriental (Granollers) y el Maresme, manteniendo la actual línea 1 de Cercanías.
En la petición, el Ayuntamiento de Mataró apuesta por trasladar las vías y los talleres de la estación del mar a un nuevo emplazamiento «menos perjudicial para la ciudad». Una petición en consonancia con la propuesta de fijar un Plan Director Urbanístico de ordenación del litoral redactado en dos ámbitos: Montgat-Mataró y Sant Andreu de Llavaneres-Tordera.
Mataró también considera vital fijar el plan de movilidad y definir las nuevas centralidades que generarán los municipios del Maresme ante las nuevas perspectivas ferroviarias, con la construcción de nuevas estaciones.

‘PACIFICAR’ LA N-2 / Desde hace ya unos cuantos años, tanto el Consell Comarcal del Maresme como la Conselleria de Política Territorial i Obres Públiques tienen sobre la mesa una insistente reclamación ciudadana que apuesta por la denominada pacificación de la N-2 y de todo el frente litoral. Para conseguirlo, las poblaciones implicadas apuestan por liberar el frente litoral tanto de la vía ferroviaria como de las carreteras que soportan un volumen elevado de circulación (por la N-2 pasan cada fin de semana más de 160.000 vehículos). De lograrse esos objetivos, se podría diseñar a la vez un urbanismo mucho menos agresivo con la costa.

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