
El concejo conmemoró la llegada del primer convoy, hace tres cuartos de siglo, con un viaje en un tren histórico de Feve y el descubrimiento de una placa en la estación de Moreda
C. M. BASTEIRO
La historia se repite. Era la una de la tarde del 15 de julio de 1934 cuando el primer tren de la Sociedad Vasco Asturiana entró en la estación de Cabañaquinta. Los directivos de Feve, con Ángel Villalba a la cabeza, realizaron ayer el viaje de Moreda a Cabañaquinta, para conmemorar el 75.º aniversario del servicio en el concejo. Lo hicieron acompañados por la Corporación municipal, presidida por el alcalde Gabriel Pérez Villalta, y en un tren histórico de la compañía ferroviaria que no tenía nada que envidiar a un reducido «Orient Express»: asientos de cuero, sillas tapizadas en rojo oscuro y una barra de madera en el elegante vagón restaurante.Los pasajeros subieron al convoy a las doce y cuarto y se sentaron en el vagón conocido como «el coche de Franco», porque fue el mismo que ocupó éste durante la inauguración del último tramo de la línea ferroviaria Gijón-El Ferrol. Los temas institucionales los dejaron en el andén de Moreda y el viaje estuvo animado por una conversación amena -con la prensa en las manos- y elogios para el paisaje.
Eso sí, los responsables de Feve fueron haciendo los deberes y tomaron buena nota mental, con la vista puesta en la ventanilla, de «lo mejor» del concejo, quizás para incluirlo en el trayecto del nuevo tren turístico. El vicealcalde, David Moreno Bobela, ejerció de guía improvisado e hizo a los responsables de Feve volverse al paso del convoy por los «iconos» del municipio.
El primer tren tardó en recorrer el trayecto de Moreda a Cabañaquinta tres cuartos de hora. Esta vez, el viaje no duró mas de quince minutos y su llegada a la estación fue más silenciosa, más rápida y más limpia. Y es que en setenta y cinco años las cosas han cambiado mucho, pero la expectación popular sigue intacta. En el andén había casi medio centenar de personas dispuestas a aplaudir y homenajear al ferrocarril que lleva tres cuartos de siglo dando servicio al concejo. Un grupo de niños que esperaban ansiosos la llegada del tren, casi reaccionó con la misma ilusión que los de 1934: «Qué pasada, parece una película», decían al ver el convoy histórico estacionado en la vía. Entre la multitud, Villalba descubrió una placa que ocupará desde ahora la fachada de la estación de la capital con la leyenda: «En recuerdo de los que hicieron posible la llegada de este ferrocarril a Cabañaquinta».
Y es que la construcción del tramo entre Ujo y la capital allerana fue una mezcla de reivindicaciones, esfuerzo y retrasos que terminó dando su fruto. La línea fue posible gracias a una aportación económica del Ayuntamiento de Aller y la Diputación Provincial de Oviedo, que se sumó al presupuesto ofertado desde el Ministerio de Fomento. El ferrocarril reforzó la labor de las minas del lugar: permitió aumentar la producción y la apertura de nuevos pozos. El tramo restante, entre Cabañaquinta y Collanzo, no se culminó hasta enero de 1935. Con el trayecto terminado, el servicio ferroviario dejó un poco atrás el mundo minero y comenzó a centrarse también en los trayectos ligados a la vida social y ciudadana del concejo.
Después de descubrir la placa, los viajeros del tren histórico se dirigieron al edificio consistorial. Allí, tanto Villalta como el director general de Feve, Amador Robles, repasaron los nuevos proyectos que acogerá la línea ferroviaria allerana y mantuvieron su firme resolución de seguir trabajando juntos. Como final del acto institucional, el geógrafo Eduardo José Fernández, impulsor de este acto conmemorativo, presentó su libro: «El ferrocarril de Ujo-Taruelo a Collanzo. 75 años del Vasco-Asturiano por el Valle del Aller». Con los deberes hechos, el aniversario del tren allerano finalizó con una distendida comida en Moreda.
Las cosas han cambiado mucho en setenta y cinco años. El concejo allerano conmemoró la llegada de un tren muy distinto del que ahora se conoce y, seguramente, el próximo aniversario, el del centenario de la línea, se celebre con un telón de fondo diferente. De momento, el homenaje se cierra con la vista puesta en el futuro y despidiéndose hasta la próxima. La historia se repite.
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