El jueves pasado tuve que quedarme en Sevilla. La agenda de la tarde estaba repleta de obligaciones pero la mañana, extrañamente, la tenía entera para mí. Por ese motivo, cuando mi buen amigo Florentino Córcoles me comentó que no conocía el metro, le propuse hacerlo en compañía a lo que se sumó el entrañable José Luis Cabello. Y los tres nos pusimos manos a la obra.
Entramos por la estación de Plaza de Cuba y como catetos –no como sabios despistados- no dábamos pie con bola entre tanta variedad de ofertas y tanto tramo diferente de recorrido, lo que nos parecía inconcebible pues solo había una única y escuálida línea. Pero al final, tras algún que otro tropiezo, pasada la malla de control donde más de uno se veía torturado por un seco costalazo como el que a mí me dieron los automáticos cristales que hacían de puerta, pudimos llegar al andén de la estación. Por fin en el lugar propicio, dejado complejos insolubles y asumiendo la torpeza provinciana de mis amigos y mía, logramos penetrar en el tranvía subterráneo. (Tranvía pues es idéntico al así llamado y que pasa por la Avenida camino del Prado.)
Disfrutamos como lo que éramos y seguimos siendo, niños enfrascados en cosas de este mundo que necesitan verse de vez en cuando jugando a aventureros, a excursionistas descubridores de parajes nuevos.
Por el túnel comentamos la ilusión de saber que cruzábamos Sevilla por debajo y en los tramos exteriores hacíamos referencias sobre todo lo que se presentaba ante los ojos. -La pista del antiguo aeropuerto de Tablada es la más antigua de Europa- nos enseñaba Florentino -y al monumento del Sagrado Corazón se debe acceder por aquella escalinata-
Los tres disfrutamos infinitamente, sencillamente, amigablemente, sin más destino que el paseo en sí mismo y con no más obligación que la de quitarnos de problemas ordinarios. Y doy fe que lo logramos.
He viajado en el Eurostar por debajo del canal de la Mancha, e ido en metro parisino y de mil y unas ciudades más, pero nada tan maravilloso como atravesar por debajo el Guadalquivir. Sobre todo tras esperar hacerlo tanto tiempo.

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