domingo, 26 de octubre de 2008

'El taxi, más caro'

EDITORIAL

El precio del taxi volverá a subir en Barcelona y esta vez lo hará significativamente por encima del IPC. De ese modo, un servicio tan popular entre las clases medias lleva camino de convertirse en un producto de lujo, con lo que todos, usuarios y taxistas, saldremos perdiendo. Es evidente que los costes han subido significativamente para los taxistas en los últimos meses por el encarecimiento del crudo, pero también lo es que ahora el petróleo está cotizando muy a la baja, hasta el punto de que el barril de Brent cuesta hoy menos de la mitad que en el mes de julio. No parece sensato aplicar unas tarifas sobre la banda alta de unos precios tan volátiles.
El problema para el Instituto Metropolitano del Taxi (Imet), responsable de proponer las tarifas, reside en combinar los intereses de los profesionales del sector, en su inmensa mayoría autónomos, con el interés de un público muy variado que en general hace cuentas cada vez que tiene que parar a un coche negro y amarillo. Parece un contrasentido que una revisión alcista de las tarifas se produzca en un momento de fuerte contracción de la demanda, como señalan, con evidente unanimidad, los taxistas barceloneses.
El área metropolitana tiene las dimensiones suficientes para que conviva un sistema de transporte colectivo --metro, tranvía y auto-
bús-- con el taxi. Pero el Imet debería ser más flexible en su política de tarifas y más audaz en sus exigencias de mejorar el servicio para cubrir los vacíos que ahora existen en las noches, los grandes acontecimientos, etcétera. Nadie pone en duda que los taxistas deben ganarse la vida dignamente, pero urgen fórmulas para que su situación, en tiempos de crisis, no vaya a peor.

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